domingo, 14 de abril de 2024

SER FELIZ ANTES DE PARTIR

De regreso a casa mientras volvía de viaje me puse a ver la actuación de Morgan Freeman en su personaje, que tenía como nombre Carter, en la película llamada, antes de partir, en inglés, “Bucket List” y analicé con detalle y mirando a los ojos a Cárter. 

Carter era un hombre íntegro, abnegado, trabajador y entregado a su familia, quien a pesar de que como el mismo lo relata, tenía muchos sueños, estos no se cumplieron porque el amor tocó la puerta de su corazón, se casó y detrás de todo ello llegaron los hijos y las responsabilidades consigo, más y más responsabilidades, las que le privaron el poder disfrutar de muchas cosas con las que quizá se hubiese sentido feliz, como, por ejemplo, haber conducido un Ford Mustang Shelby gt500 1966 rojo. 

Mientras escuchaba hablar a Carter, eran muchas cosas que venían a mi mente, y me hacía una pregunta inicial, sería que Cárter realmente con su vida se sentía feliz? 

Carter era un padre orgulloso de su familia, y en medio de su instancia hospitalaria, a causa de los malestares asociados a su enfermedad catastrófica, pensó en todo lo que no había podido hacer en su vida, sueños inconclusos por una circunstancia principal, no tener los recursos económicos para hacerlos realidad, él había decidido ser un padre responsable y ello aplazó absolutamente todo en su vida, o la mayor parte de ellas, en otros casos, por no haberse dado la oportunidad de hacerlo, por ejemplo, eso de reír hasta llorar. 

Pero vuelvo al punto, muy a pesar de que Cárter estaba diagnosticado con una enfermedad terminal y le quedaban como máximo 12 meses de vida, al momento de decidir lo que quería hacer en esos últimos meses, no dudó un momento en aceptar la invitación de Edward, una persona multimillonaria que acababa de conocer y al que solo los unía el compartir el mismo diagnóstico, el tener pocos meses de vida, sin embargo a diferencia de Cárter, Edward poseía tanto dinero, que no tenía en qué gastarlo, aunado a que si bien es cierto tenía una hija, su contacto con ella era mínimo. 

Pero Carter, ¿qué pasaba por su cabeza, cuando el millonario Edward le propuso, cumplir los sueños que él había anotado en su hoja amarilla a la que Edward le sumó algunas otras; Qué tanto consideró Carter que había dejado de vivir por hacer a su familia medianamente feliz: fue coherente Cárter al decidir abandonar a su familia por irse con un extraño a vivir lo poco de vida que le quedaba? 

Son muchas preguntas a las que Cárter no me podrá responder, pero, si nos invita a reflexionar, en relación con la felicidad que vivimos al lado de nuestros seres queridos, sobre nuestra verdadera felicidad y si en el fondo ellos son parte de ella, al final decimos ser felices, a sabiendas que muchas veces dejamos atrás lo que podemos considerar como la indiscutible felicidad y renunciamos a hacer realidad cualquiera de nuestros sueños, sin poder cumplirlos antes de partir, inclusive el reír hasta llorar.